jueves, 27 de octubre de 2016

Hace 38 semanas




Yo coqueteo con la luz, con la poca luz que se filtra hasta nuestra mesa, con el tintineo del hielo en el vaso, con mi sonrisa después de cada uno de sus comentarios, con la mirada fija y la atención puesta en sus ojos, en su boca… Se pone inquieto, lanza una mirada nerviosa, con esos ojitos tiernos que él tiene tras los espejuelos. Me pongo nervioso también y me apuro a llevarme un puñado de maní salado a la boca. Me toca la rodilla y siento cada uno de sus dedos en cámara lenta. Se me erizan los vellos de los antebrazos. Da el último sorbo al vaso. Salimos del bar y bajamos por la Av. Hipólito Irigoyen.  Llegamos a mi casa. Sigo coqueteando con poca luz. Esta vez su mirada busca mi sexo. Me tiro al sillón y me sigue. Mi mano ya conoce el lugar y mi nariz el olor. Su brazo sirve de almohada como siempre. Estira los pies y yo los encojo. Me siento caracol. Da un último bostezo y se apagan todas las luces.

martes, 18 de octubre de 2016

Antología personal




Estuve leyendo a principios de este año una “antología personal” de Jorge Luis Borges que me prestó mi amiga Marcela del blog “Crónicas alicoradas”. Se trataba de una vieja edición del Club Bruguera, un pequeño libro amarillo que le heredó su padre. Hoy decidí devolvérselo después de meses en mi mesita de noche. 

domingo, 2 de octubre de 2016

{Si Jesús fuese a tu casa (me pregunto qué harías)}




Si Jesús fuese a mi casa y husmeara entre mis cosas, ¿qué encontraría? Yo no escondería nada, por supuesto. Entonces, en mi actual vivienda en Güemes, en Córdoba, Argentina, lo primero que se toparía al abrir la puerta, en la pared de frente a la calle, sería la reproducción de una fotografía enorme del poeta chileno Pedro Lemebel. Ahí se daría cuenta un poco de lo que va mi vida, aunque esa foto este ahí no por mí, sino por un regalo de mi “ex novio”.  Pasaría a la habitación, me retaría por las sábanas sucias y por el polvo en la mesita de noche. Y si revisara esos cajones encontraría el bloque de Teoría Política Contemporánea y otros libros vírgenes que esperan a ser leídos por mí. Y cajitas metálicas, y condones, y lubricantes, y pañuelos desechables…  Y más papeles, libretas sin llenar y cuadernos llenos de dibujos. Más bitácoras. Y fotografías que a nadie mostré. Y manteca de cacao para los labios secos. Y una pequeña soledad que se obstina a salir un domingo nublado como hoy.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Apuntes sobre ayer y la noche pasada


Después de lavar los platos y limpiar la cocina recibí un mensaje en facebook de Daniel. Me saludaba. Se generó una conversación en la que nos planteamos  un encuentro rápido, entonces, me propuso ir a tomar algo y quedarme a dormir con él. Yo no lo pensé mucho y le dije que sí.  Hablé un par de boludeces con las chicas de la casa y me puse a empacar un suéter, calzoncillos, mi cepillo y crema dental en la mochila. 

Salí de casa. Quedamos de encontrarnos en Patio Olmos. Me demoré unos quince minutos en llegar. Lo vi desde lejos, inmediatamente, al desembocar en la plaza donde bailan tango los domingos. Llevaba una camisa blanca, pantalones negros,  una mochila y un par de camperas en la mano derecha. Veía ansiosamente su reloj de pulsera y hacia varias direcciones como buscándome.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Mis días en Buenos Aires



Creo que le debía a Buenos Aires un post como este. Y si tuviera que dirigir una dedicatoria, creo que sería a mi amigo Danny.



 
La primera vez:

  La primera vez que estuve en Buenos Aires fue en otoño del año pasado cuando llegué a Argentina. Todo por primera vez. Llovía y el Aeropuerto Ezeiza me recibió con mucho frío y una enorme fila para poder pasar por mis maletas. Actos seguidos fueron abordar el taxi y pasarle al chofer la dirección de mi amigo. Mientras el taxi recorría la ciudad entera para llegar a Palermo, me asomaba a la ventana viendo el cielo nublado, los edificios, la lluvia…  con emoción, nostalgia y un montón de preguntas rondando mi cabeza. Una ciudad gris, fría y melancólica… Después le siguieron los días de sol. Días de estar en el depto. con Danny. Días de salir a caminar, a comer en el Nápoles, de recorrer la Av. Santa Fe, de ir al Ministerio de Educación, de bailar en los boliches… De conocer al Fede, de chaparnos y despedirnos cuando me vine a Córdoba, sabiendo que siempre regresaría.