Buenos Aires vendría a ser la ciudad
auténticamente enorme que conozco por primera vez.Cada vez que piso su suelo, recorro sus
veredas, abordo el subte y veo los rostros de sus gentes, siento una nostalgia
increíble. Una cosquilla en mi pecho inexplicable. Quiero convencerme de que en
otra vida, viví o amé ahí. La única explicación que creo posible. Por eso me gusta
tanto y amo poder visitarla cada cierto tiempo.También me gusta esa sensación de anonimato
que me confiere. Ser único y a la vez ninguno en esa enorme calle 9 de julio.
De pie ante el obelisco. Recorriendo en la madrugada sus calles. Boedo. Sus
cafés y sus bares.
Quiero empezar describiendo una imagen. Porque las
mejores fotos últimamente aparecen cuando no hay nadie con cámara en mano que
las haga. Pero suceden. Y siento apuro por registrar esas imágenes inalcanzables,
de alguna manera, por una cámara:
Recibí el año nuevo muy lejos de mi familia de
sangre. Quizá la primera vez en toda mi vida que lo recibo así; sin embargo,
ahora, a la luz de la distancia puedo darme cuenta que antes sí estuve lejos
aunque estuviera tan cerca; pero ahora, por estar lejos, les siento tan cerca
aunque no hablemos en semanas {¡Qué ordinario juego de palabras!}.