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| Beatriz Preciado, filósofa y teórica del género |
La mayoría de mujeres que he conocido hasta hoy son puras mujeres con testosterona. No son “mujeres con bigote” como conceptuó mi sobrinito cuando leyó el título de este artículo, si no lo uso como una connotación que la filósofa contemporánea Beatriz Preciado le confiere al término para referirse a mujeres que han decidido romper esquemas y sin ningún titubeo ocupar espacios públicos antes destinados únicamente a los hombres.
Empecemos por casita: mi mama creo que es la primera mujer con testosterona que conozco; pero como me prohibió que le echara flores y me pidió que no echara a perder la imagen de mi papa (…jeje) me abstengo de decir las razones; pero ya se imaginarán, es como todas las madres nicaragüenses.
Una mujer con testosterona que conocemos en común es nuestra primera dama Rosario Murillo que, diga lo que se diga, les guste o no, ella es un vivo ejemplo de que las mujeres, aunque no sean declaradas oficialmente Presidenta de la República, disponen, toman decisiones y deciden muchas cosas. Ahí la vemos, siempre encabezando, emprendiendo, comunicando. Tiene un lugar privilegiado desde donde puede abogar por hacer posible la vida de miles de mujeres nicaragüenses (y, claro, también de hombres).
Otras mujeres con testosteronas que admiro, es a aquellas que fungen como alcaldesas, como directoras (también educadoras) de colegios o de ONG´S, las comunicadoras que hacen periodismo, que no se conforman con ser la “carita bonita” que lee las notas (que hizo otro) ante una cámara de TV. Periodistas como mi estimada Leonor Álvarez de EL NUEVO DIARIO que siendo tan joven lleva sus buenos años dedicada a esta labor.
Tenemos a Gioconda Belli que, con detractores y admiradores, es un referente femenino en la literatura nicaragüense al igual que Gloria Elena Espinoza de Tercero, Claribel Alegría, Vidaluz Meneses quien también es presidenta del Centro Nicaragüense de Escritores (CNE), Rosario Aguilar…
Y cuando un hombre tiene miedo a algo, siempre hay una “mujer con testosterona” para demostrar que la testosterona no es la hormona de la “fuerza o valor” (o de la masculinidad), porque dentro de una mujer hay más fuerza y valor que toda la testosterona de nosotros los hombres juntos… y a como dijo un amigo puertorriqueño: “¡Eso está sellao!