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martes, 25 de febrero de 2014

¿Escritura “femenina” o “masculina”?


Creo que paso de esa pregunta. La violencia hacia las mujeres es estructural porque el patriarcado y el machismo lo son, por lo tanto, escritores producto de este sistema producirán literatura desde este contexto. Ahora, un buen punto es lo que hacen escritoras feministas y la vuelta que le dan a sus personajes. Entonces el punto del debate no debería ser si hay literatura "femenina" o "masculina" (cómo odio estas categorías), creo que el punto es el aporte que han hecho las mujeres feministas a la literatura y cómo han resquebrajado esas típicas historias "de hombres" y han resignificado a las mujeres tanto como personajes de sus historias como los espacios por los que han luchado dentro de la "élite literaria machista" prevaleciente, me atrevería a decir, en el planeta.


viernes, 11 de mayo de 2012

Mi erre francesa


Todos los que me han escuchado hablar saben de lo que les hablo.  “Tu problema con la erre”  ya escucho los pensamientos de algunos. Hace un tiempo atrás yo también pensaba que tenía un “problema con la erre”. Pero déjenme decirles que es “su problema con mi erre” […jeje].  Para los que no saben, déjenme contarles.

Resulta que el sonido del grafema /r/ en su sonido fuerte, entre vocales, al final y a principio de palabra, yo lo realizo fonéticamente similar a la erre [r]  del idioma francés. Por ser un sonido “no tan difundido” en el idioma español, este suele ser motivo de “curiosidad”, “extrañeza”, “burla” “discriminación” y cuánto se puedan imaginar. 

Ser diferente puede ser una pesadilla en un mundo de “normales”. Cuando era un niño la realización fonética de mi erre francesa era más notoria y  absolutamente marcada y diferenciadora, entonces, mis compañeritos de tercer grado solían pedirme que repitiera la palabra perro infinidad de veces, una y otra vez, mientras se reían y escuchaban asombrados como pretendiendo descubrir “algún misterio en mi garganta”. Nunca me molestó, todo lo contrario, solía “agarrarles vara” y también repetía aquel famoso trabalenguas: “erre con erre cigarro, erre con erre barril, que rápido corren los carros…” y más o menos por ahí andaba el chiste.

En secundaria todo transcurrió bien. Mis amigos y compañeros de clase se acostumbraban y, después de los primeros días de conocerme, mi erre francesa dejaba de ser motivo de conversación o motivo alguno de asombro o risas. Pero la “pesadilla” empezó cuando ingresé a estudiar Comunicación en la universidad. Me topé con una “amiga” que todo el tiempo me pasaba recordando que yo tenía “un problema con la erre”.   Si yo quería locutar una viñeta de radio, me decía: “Vos no, tenés problema con la erre”. Si el trabajo era en grupo y tenían que delegar a alguien para hablar en público yo no podía por “mi problema con la erre”.  Me lo repitió tanto que llegué a creérmelo…

Por dicha estudié Filología y Comunicación, y mi maestra de fonética un día camino a su oficina mientras yo le ayudaba con unos libros y le preguntaba acerca de “mi problema con la erre” me dijo que las variantes fonéticas en el español de Nicaragua eran--al igual que en otros países--llenas de mucha riqueza y, aunque el idioma no se salva de ese proceso terco de “normalización” y  estandarización de la sociedad, nuestras diferencias fonéticas no deberían de ser motivo de discriminación, de superioridad o inferioridad. No hay habla mejor que otra, puesto que esta constituye la realización única y personal de la legua.

Desde entonces creo que cuando la gente piensa que uno tiene un problema, sin que nosotros nos sintamos afectados, claro está que el problema es de ellos, no de nosotros. No seré el mejor orador, pero mi erre francesa no me impide subirme al podio y comunicarme.  ¿Usted tiene algo que lo haga diferente? [Chasquido feliz xD!…jejeje]

"S'il vous plaît Quiereme" by Waldir Ruiz



miércoles, 7 de diciembre de 2011

"Cuando era chico"


DONDE QUEDARON_by_Waldir Ruiz
 Cuando tenía 17 años solía frecuentar a un chileno de unos 20 años entre un bloque de clase y otro cuando estudiaba en León. Recuerdo que era para los primeros días de clase y conversábamos casi diario en el parque central mientras me invitaba a un raspado.   Le gustaba preguntarme cómo le hacía yo para divertirme “cuando era chico”, entonces, le contaba que jugaba fútbol con los chavalos del barrio, los de la cuadra o los de la esquina… y los zapatos de un miembro—el mal jugador-- del equipo perdedor quedaban colgados en el tendido eléctrico…

Él me decía que cosas similares hacía en su patria “cuando era chico”, pero que, a veces, los chicos de su barrio  tiraban los zapatos por puro gusto al alambrado eléctrico. Una anécdota que recuerdo es cuando me contó sobre la mudanza de su familia desde una zona rural de Chile, que no recuerdo el nombre, hacia una habitación en la Av. Apoquindo en Ciudad Santiago. (Lo que más me gustaba de hablar con él era oírle su acento y esa manera fluida de combinar la forma de tratamiento vos pronominal con la desinencia verbal del vosotros).Todas sus historias eran sobre el cambio y diferencia entre sus dos ciudades. Andaba en León por un mes y por razones “estrictamente laborales”. 
  
“Y ahí (en Santiago) uno está tranquilo en su cuarto, pero te asomái a la ventana y te dai cuenta que a la vecina le tiritan las hormonas, ahí te tirái sobre la cama y no sabís si echarte una paja o pegarte una ducha” me decía  el Chileno que, por cierto, se llama Tomás. 

Entonces, cuando llegaba mi turno de contar algo yo iniciaba “los chavalos del barrio…” y él me asaltaba la palabra (frunciendo el seño): ¿Los chavalos del barrio?, Y yo: ¿los chavalos del barrio? Son los chavalos del barrio… mientras nos reíamos porque a él siempre se le olvidaba a quienes me refería. 

A la sazón, recuerdo que me contó que a su vecina finalmente “se la planchó” y le gustó su “raja” y que también le gustaban “las gorditas con mini del centro”. Cada vez que nos encontrábamos me decía “no cacho por qué la gente se amarga”. Las gringas “siempre pican” me decía haciéndose el galán y de mí le gustaba mi cara de “lolo estudioso”. Tomás “a la pinta se la pasaba todo güendy conmigo”,  las mujeres le gustaban con buenas “gomas”  y cuando se bajaba de la “cuca” que pasaba por el Parque de los poetas siempre me decía: “sigue el luto compadre” (nunca entendí por qué…jeje).

lunes, 17 de octubre de 2011

Una norma lingüística, ¿para qué?



Antes que nada, es importante mencionar que no sólo hoy en día se presentan oleadas de numerosos términos procedentes de diversas regiones y que inciden directamente en los distintos niveles de nuestra lengua española; tal es el caso de los anglicismos (por ser los que más entran en nuestra lengua, pero no los únicos). Este fenómeno ya se registraba desde antaño, motivado por diversas situaciones sociolingüísticas.



Ya muchos autores se han planteado la influencia que estos tienen en el uso de nuestra lengua y lo necesario que son; sin embargo, según el artículo de Francisco Rodríguez Adrados es necesario controlar el influjo para que la lengua española conserve su unidad: “Están llegando en oleadas excesivas (los anglicismos) y necesitan una adaptación a la fonología y a los mecanismos de sufijación y composición de nuestra lengua.”

En este sentido, la norma lingüística posee vital importancia para nuestro idioma, aunque todavía hay vacilaciones en base a qué criterios sociales o lingüísticos esta deba actuar, lo general han sido dos: por el grado de difusión de la palabra o la frecuencia de su uso y la necesidad de la nueva denominación.



El diccionario de la Real Academia Española se ha encargado de ejercer la función normativa de la legua, aunque también se le atribuye un trabajo descriptivo sobre el uso de los términos. Dicha norma lingüística ha sido la responsable de mantener la unidad de la lengua, a pesar de su vasta distribución geográfica. Ésta ha permitido que muchos anglicismos se hayan adaptado al español o hayan sido sustituidos por un término equivalente en nuestra lengua.



La función híbrida del RAE no le ha permitido dedicarse exhaustivamente a uno de los dos estudios; sin embargo, en la actualidad este cumple una función más descriptiva porque como es de esperarse se puede normar, dictar o reglar, pero el pueblo es quien tiene la última palabra a la hora de decidir su habla, por lo que una actitud dictatorial por parte de estudiosos no ayudaría significativamente al desarrollo de nuestra lengua.



Para finalizar, alegaría que la norma lingüística sí es importante, pero sólo cuando esta parte del consenso de las mayorías y cuando la postura de los estudiosos es de proponer y no de imponer. De esta manera, la creatividad y evolución de la lengua no se afectan, así como su preservación.

Fuente: Waldir Ruiz/elnuevodiaro/opinión